Sabes Jack, tú eres la representación de todo aquello oscuro en mi alma, todo aquel deseo venenoso que se encierra en mí. Y lo sabes, puedes prescindir exactamente cómo me siento ahora, esa soledad que me engloba, ese deseo que me consume.
En estos momentos, mientras caigo al abismo, mis alas se niegan a abrirse, a salvarme, eso es porque así lo he decidido, extiendo mis manos para recibir esa oscuridad, aquella que jamás me abandonará, aquella que siempre me espera, aquella que tanto amo.
Algo en mi pecho se está introduciendo, algo que se está condensado en mi alma, y que no me deja respirar libremente, es la sombra del olvido.
Tengo miedo a dormir, siento que cuando despierte, todo aquello desaparecerá de mi memoria, temo olvidar, aquel dolor que me hace humano.
Siento que a lo poco que sobrevive de mí, a ese fragmento que me aferro, al cerrar mis ojos, y descuidarlo un momento, en ese instante, cuando despierte, seré otra persona.
Jack, siento que poco a poco estoy muriendo, puedo percibir como mi juicio se escapa, mi vida se me resbala de las manos, y por más que trato detenerla, no deja de correr.
El miedo me invade, la desesperación ha fallecido, sólo me queda un hipócrita sentido de tranquilidad, un cansancio en mi ser, me desmorono Jack.
Una parte de mí desea sucumbir ante los deseos de aquel ser, ante tus deseos Jack, pero la otra está siendo alada por un cálido sentimiento, ¿qué es? Hay mucha confusión en mi persona, aquella calidez es engañosa, no puedo confiar en su totalidad, me ha fallado, pero… tú, Jack, nunca me has fallado, y siempre has estado ahí cuando mis tobillos comienzan a tambalearse, me abrazas cuando caigo, me consuelas cuando sufro, y me borras el dolor, te lo tragas, y me haces olvidar.
No quiero olvidar, pero me duele estar consciente, ¡no sé qué hacer maldita sea!, dos manos se extienden ante mí, una frívola, que me promete no sufrir más, pero también, no recordar más, y la otra, insegura, me habla sobre cosas hermosas, pero no me da la certeza de que las conservaré.
¡Como odio esa segunda mano!, ¡la aborrezco tanto!, ¡por su culpa y falsas promesas, perdí muchas cosas valiosas, que en su momento fueron aceptables, pero ahora… pero ahora… FUE EN VANO!!! Pero a pesar de todo, esa mano… me dio tanto… y por eso me duele tanto.
No sé qué haré, ni como terminarán las cosas, pero algo que sí sé Jack, es que pase lo que pase, siempre estarás esperando por mí, siempre esa locura será tu perfil.
Hasta entonces, me despido Jack.
domingo, 28 de marzo de 2010
lunes, 22 de marzo de 2010
Lástima
“¿Qué es la lástima?, un sentimiento hipócrita, la escusa de la buena voluntad, una idea a medias. Mientras su prima la bondad dice “haré algo por aquel hombre”, la lástima dice “pobre hombre, sufre demasiado, no se lo merece” pero no hace nada al respecto.
Es el pretexto de los hombres para decir que son buenos, y la palabra del mentiroso por decirse bondadoso”
Es el pretexto de los hombres para decir que son buenos, y la palabra del mentiroso por decirse bondadoso”
lunes, 1 de marzo de 2010
La Vez Que Se Me Vino "El Karma"
Fue hace varios años, recuerdo que yo estaba por ciudad industrial, volvía de hacerle una visita a mi viejo amigo Alejandro cuando, esperando el camión, sucedió. Un cholillo paso con unos enormes audífonos escuchando música de banda y con la mirada perdida en el suelo, me llegó de sorpresa y a la vez no me sorprendió que chocara conmigo.
El inmediatamente trato de empujarme tirando un insulto contra mi a lo cual respondí empujándolo mas fuerte de forma que el fue quien termino cayéndose. El cholo bastante enojado continúo en su campaña de ofenderme verbalmente cosa a la que decidí hacer oídos sordos.
De todas las peladencias y majaderias que me dijo nada me sorprendió mas que la ultima frase que este menciono “vas a ver, se te va a venir el karma”, valla menuda forma de amenazar y mas me sorprendió que recurriera a un concepto tan poco comprendido y ajeno a nuestra cultura. Realmente me tome mi tiempo para pensar en eso y quizá se me halla escapado el camión que esperaba pues al cabo de un rato regreso ese mismo cholo pero acompañado de un tipo enorme y amenazante que me miraba enojado, al acercarse a mi oí al cholo decirle a su acompañante “eh Karma, este wey es el que me la hizo de pedo…” y ahí comprendí lo que quería decir “se te va a venir el Karma”
El inmediatamente trato de empujarme tirando un insulto contra mi a lo cual respondí empujándolo mas fuerte de forma que el fue quien termino cayéndose. El cholo bastante enojado continúo en su campaña de ofenderme verbalmente cosa a la que decidí hacer oídos sordos.
De todas las peladencias y majaderias que me dijo nada me sorprendió mas que la ultima frase que este menciono “vas a ver, se te va a venir el karma”, valla menuda forma de amenazar y mas me sorprendió que recurriera a un concepto tan poco comprendido y ajeno a nuestra cultura. Realmente me tome mi tiempo para pensar en eso y quizá se me halla escapado el camión que esperaba pues al cabo de un rato regreso ese mismo cholo pero acompañado de un tipo enorme y amenazante que me miraba enojado, al acercarse a mi oí al cholo decirle a su acompañante “eh Karma, este wey es el que me la hizo de pedo…” y ahí comprendí lo que quería decir “se te va a venir el Karma”
martes, 16 de febrero de 2010
Más allá de...
“Acoge el silencio, como guardián, como amigo, que la inseguridad y el miedo podrían escucharte. Entre tu piel y la muerte hay un íntimo lazo. En el pórtico de un mundo que no conoces, hay un deseo ferviente de que así siga.
En las brumas de mi alma, en los pantanos de mi razón, en la tundra de mi corazón, una florecilla, tímida y dudosa crece, un afecto que llena mi nada y satisface mi delirio.
Un suspiro toma su presa de paso a un razonamiento, en las profundidades de un bosque donde la muerte mora, un terror posesiona mi alma domesticando mi pensamiento.
Un gran dolor es gravado en mi persona, un dolor que se encarna en idea recurrente a una acción, mi piel se estremece, mis palabras se cuartean, mi valor se desmorona, mi ser quiebra.
“¿Dejarla ir?”.
Tengo un tesoro, pasando por mis cercanías, peligrando a cada paso en mi inhóspito, sombrío, fúnebre, decadente e involutivo mundo, “¿qué hace aquí?”.
En las brumas de mi alma, en los pantanos de mi razón, en la tundra de mi corazón, una florecilla, tímida y dudosa crece, un afecto que llena mi nada y satisface mi delirio.
Un suspiro toma su presa de paso a un razonamiento, en las profundidades de un bosque donde la muerte mora, un terror posesiona mi alma domesticando mi pensamiento.
Un gran dolor es gravado en mi persona, un dolor que se encarna en idea recurrente a una acción, mi piel se estremece, mis palabras se cuartean, mi valor se desmorona, mi ser quiebra.
“¿Dejarla ir?”.
Tengo un tesoro, pasando por mis cercanías, peligrando a cada paso en mi inhóspito, sombrío, fúnebre, decadente e involutivo mundo, “¿qué hace aquí?”.
martes, 9 de febrero de 2010
Huellas de culpa
Un par de pasos se extendían por una pradera, bajo la sombra de un árbol, un hombre descansaba.
—tomó en sus manos una hoja que caía.—¿por qué no ser como esta hoja?, qué envidia con ella, tan libre de problemas y preocupaciones.
Su aspecto era áspero a la vista, su ropa maltratada, y su mirada perdida. Un largo camino había recorrido, como girasol en busca del cielo.
Quién lo podría decir, que aquel hombre harapiento, fue antes un galante caballero. Uno que la gloria había encontrado, la ovación del pueblo, por mano de una treta.
—sabes pequeña hoja, te falta clase, a este paso jamás impresionarás a tus iguales.—soltó una carcajada.—Pero qué caso tiene, ya te has caído del árbol.
Recargado bajo aquella sombra se encontraba el pedazo de un antes guerrero, su espada había tirado en alguna cantina, su armadura había vendido como chatarra, y su honor, hacía años que había comerciado.
—mira, esto es lo que queda de un gallardo caballero que alguna vez sirvió al rey, ahora ni a los cerdos puedo acercarme…—una vez más, lanzó una carcajada.
“—en tus buenos tiempos, por mando, mucha sangre derramaste, todo en nombre de la justicia… ¿cómo llamarte asesino, si eras un héroe? Ah, es cierto, sangre inocente derramaste una vez, una criatura hermana, un precioso pensar extinguiste por fama”
—¿quién anda ahí?
Ni siquiera alzaba la mirada, no se movía, sólo respondía a aquella voz femenina.
“—mi nombre no interesa, sólo vine a defender la memoria de aquel ser que desapareciste tan egoístamente… aquel que fue mi amigo, mi hermano, vine a arrastrarte conmigo a la locura”
—soltó una mofa.—¿me llevarás hacia la locura?, no me hace falta una mano, pero… no te daré el placer de llevarme contigo…
“—soy una voz en tu cabeza, más que suficiente como para atarte al abismo, nos arrastraremos por esta oscuridad, tu egoísmo y mi rencor nos escoltarán hacia la destrucción… bienvenido”
—que la guerra comience, no me dejaré llevar por ti…—cerró los ojos.
Pero la voz no se marchó, le hablaba a cada momento, cualquier cosa, por más absurda, no paraba de hablar. Por las noches no le dejaba dormir, sin mencionar que mientras le contestaba las personas aún más le repudiaban, “está loco” pronunciaban, mientras él contestaba sutilmente, con ese orgullo en alto “ella no ha ganado aún”
Poco a poco, su transformación en ermitaño estaba por completarse, lejos de las personas, señalado, completamente inverso a como en sus buenos años fue.
“—mira nada más en lo que te has convertido, en un loco que la gente teme, al que nadie cree una sola palabra, ¿no es curioso?, esas mismas personas fueron las que tu nombre gritaron con euforia, ahora te gritan para que te alejes.—soltó una carcajada”
Aquel hombre no contestó, sólo se quedaba bajo la paz de aquel árbol.
Fue así que aquel caballero de hilachas dejó de cruzar palabra con seres semejantes, pronto sólo le hablaba a objetos, aunque una vez más, bajó, ahora no decía nada. El eco de aquella voz en su cabeza ahora dominaba el parlamento, día tras día, así pasaron años.
“—lobo lobito, ¿estás ahí?... ¿acaso estás dormido?, ¿acaso puedes dormir con mi voz hablándote directamente?, aunque los oídos te tapas, puedes oírme perfectamente, ¿acaso así puedes cerrar tus ojos?”
A veces se ponía a recitarle algún poema, para luego terminarlo con la predicción de su ser futuro, o sencillamente le hacía preguntas constantes, haciéndole dudar de su coherencia.
Una vez más, esas huellas estaban marcadas, pasos solitarios y sin sentido, ya que esos pies, no buscaban un lugar, sólo andaban, y andaban, hasta desfallecer.
Silencioso, su rostro siempre fue sereno, los primeros meses eran de cólera, de disputa, pero entonces se cansó, se rindió, y decidió guardar su voz, no era necesaria de cualquier forma.
Una mañana a entradas del otoño, una vez más, una pequeña hoja cayó sobre su mano, la miró atentamente, y unas palabras pronunció.
—siempre tan libre.—su voz era sumisa, débil.
Entonces se dio cuenta, aquella voz ya no estaba, el silencio agobiaba su cabeza, era tan extraño y desconocido.
—silencio… luego de tanto tiempo, de verdad que lo había olvidado... ¡maldito miserable, tanto que me torturaste con tu ausencia, un día te largaste, dejándome al borde de la desesperación, y ahora así como así regresas!, ¡ah, qué dulzura, el tan afamado silencio ha regresado a mí!
Pero a pesar de sus palabras, no se callaba, era como si le temiera a lo ya obtenido.
—¡maldita sea, te odio, te aborrezco, eres tan enfermizo, mira nada más cómo me has dejado!, ¡ahora no puedo callarme, porque sé que cuando lo haga… tú estarás ahí!
Revoloteaba y miraba al cielo, se movía de un lado a otro, lanzado piedras, o cualquier objeto que al estrellarse hiciera ruido.
—comenzó a reírse sin discriminación alguna.—¡lo has logrado, maldita mujer, has ganado la guerra, la desesperación invade una vez más mi ser!, ¡por qué te has callado, por qué tan de repente!, ¡habla, di algo!, ¡lo que sea, cualquier cosa, no soporto estar solo con él!.—se lanzó al suelo de rodillas, su rostro estaba retorcido por el estrés.—¡ANDA, HABLA!, ¡HABLA, HABLA, HABLA!!!...
Pero aquella mujer, jamás volvió a pronunciar palabra alguna.
—tomó en sus manos una hoja que caía.—¿por qué no ser como esta hoja?, qué envidia con ella, tan libre de problemas y preocupaciones.
Su aspecto era áspero a la vista, su ropa maltratada, y su mirada perdida. Un largo camino había recorrido, como girasol en busca del cielo.
Quién lo podría decir, que aquel hombre harapiento, fue antes un galante caballero. Uno que la gloria había encontrado, la ovación del pueblo, por mano de una treta.
—sabes pequeña hoja, te falta clase, a este paso jamás impresionarás a tus iguales.—soltó una carcajada.—Pero qué caso tiene, ya te has caído del árbol.
Recargado bajo aquella sombra se encontraba el pedazo de un antes guerrero, su espada había tirado en alguna cantina, su armadura había vendido como chatarra, y su honor, hacía años que había comerciado.
—mira, esto es lo que queda de un gallardo caballero que alguna vez sirvió al rey, ahora ni a los cerdos puedo acercarme…—una vez más, lanzó una carcajada.
“—en tus buenos tiempos, por mando, mucha sangre derramaste, todo en nombre de la justicia… ¿cómo llamarte asesino, si eras un héroe? Ah, es cierto, sangre inocente derramaste una vez, una criatura hermana, un precioso pensar extinguiste por fama”
—¿quién anda ahí?
Ni siquiera alzaba la mirada, no se movía, sólo respondía a aquella voz femenina.
“—mi nombre no interesa, sólo vine a defender la memoria de aquel ser que desapareciste tan egoístamente… aquel que fue mi amigo, mi hermano, vine a arrastrarte conmigo a la locura”
—soltó una mofa.—¿me llevarás hacia la locura?, no me hace falta una mano, pero… no te daré el placer de llevarme contigo…
“—soy una voz en tu cabeza, más que suficiente como para atarte al abismo, nos arrastraremos por esta oscuridad, tu egoísmo y mi rencor nos escoltarán hacia la destrucción… bienvenido”
—que la guerra comience, no me dejaré llevar por ti…—cerró los ojos.
Pero la voz no se marchó, le hablaba a cada momento, cualquier cosa, por más absurda, no paraba de hablar. Por las noches no le dejaba dormir, sin mencionar que mientras le contestaba las personas aún más le repudiaban, “está loco” pronunciaban, mientras él contestaba sutilmente, con ese orgullo en alto “ella no ha ganado aún”
Poco a poco, su transformación en ermitaño estaba por completarse, lejos de las personas, señalado, completamente inverso a como en sus buenos años fue.
“—mira nada más en lo que te has convertido, en un loco que la gente teme, al que nadie cree una sola palabra, ¿no es curioso?, esas mismas personas fueron las que tu nombre gritaron con euforia, ahora te gritan para que te alejes.—soltó una carcajada”
Aquel hombre no contestó, sólo se quedaba bajo la paz de aquel árbol.
Fue así que aquel caballero de hilachas dejó de cruzar palabra con seres semejantes, pronto sólo le hablaba a objetos, aunque una vez más, bajó, ahora no decía nada. El eco de aquella voz en su cabeza ahora dominaba el parlamento, día tras día, así pasaron años.
“—lobo lobito, ¿estás ahí?... ¿acaso estás dormido?, ¿acaso puedes dormir con mi voz hablándote directamente?, aunque los oídos te tapas, puedes oírme perfectamente, ¿acaso así puedes cerrar tus ojos?”
A veces se ponía a recitarle algún poema, para luego terminarlo con la predicción de su ser futuro, o sencillamente le hacía preguntas constantes, haciéndole dudar de su coherencia.
Una vez más, esas huellas estaban marcadas, pasos solitarios y sin sentido, ya que esos pies, no buscaban un lugar, sólo andaban, y andaban, hasta desfallecer.
Silencioso, su rostro siempre fue sereno, los primeros meses eran de cólera, de disputa, pero entonces se cansó, se rindió, y decidió guardar su voz, no era necesaria de cualquier forma.
Una mañana a entradas del otoño, una vez más, una pequeña hoja cayó sobre su mano, la miró atentamente, y unas palabras pronunció.
—siempre tan libre.—su voz era sumisa, débil.
Entonces se dio cuenta, aquella voz ya no estaba, el silencio agobiaba su cabeza, era tan extraño y desconocido.
—silencio… luego de tanto tiempo, de verdad que lo había olvidado... ¡maldito miserable, tanto que me torturaste con tu ausencia, un día te largaste, dejándome al borde de la desesperación, y ahora así como así regresas!, ¡ah, qué dulzura, el tan afamado silencio ha regresado a mí!
Pero a pesar de sus palabras, no se callaba, era como si le temiera a lo ya obtenido.
—¡maldita sea, te odio, te aborrezco, eres tan enfermizo, mira nada más cómo me has dejado!, ¡ahora no puedo callarme, porque sé que cuando lo haga… tú estarás ahí!
Revoloteaba y miraba al cielo, se movía de un lado a otro, lanzado piedras, o cualquier objeto que al estrellarse hiciera ruido.
—comenzó a reírse sin discriminación alguna.—¡lo has logrado, maldita mujer, has ganado la guerra, la desesperación invade una vez más mi ser!, ¡por qué te has callado, por qué tan de repente!, ¡habla, di algo!, ¡lo que sea, cualquier cosa, no soporto estar solo con él!.—se lanzó al suelo de rodillas, su rostro estaba retorcido por el estrés.—¡ANDA, HABLA!, ¡HABLA, HABLA, HABLA!!!...
Pero aquella mujer, jamás volvió a pronunciar palabra alguna.
viernes, 29 de enero de 2010
ME LA PASE ENOJADO TODO EL DIA
El otro día caminaba por la calle cuando me topé con un acontecimiento singular de esos que uno ve en las noticias solamente y al momento de verlos pasar de principio uno se siente como si estuviera viendo la tele en alta definición a plena avenida, pero no era así, era un asalto, o más bien un robo. Un wey como de metro setenta le estaba quitándole a una doña su bolsa a la fuerza, cuando logro arrebatársela corrió hacia la esquina en dirección contraria hacia donde yo me encontraba y de un brinco subió arriba de un vehículo el cual arrancó inmediatamente después de que se subió el pelmazo.
Mientras sucedía esto y en cuanto pude reaccionar a la situación me acerque lo más rápido posible con la señora que yacía espantada en el suelo, molesto por no haber estado lo suficientemente cerca como para ponerle una santa madriza de esas que te llevan al hospital con traumas severos, le extendí la mano a la señora por lo menos para que se levantara. Esta me negó el apoyo con una gesto de incomodidad (bien se que no soy muy confortable a la vista, pero esto…). Cuando la señora se levanto completamente por su cuenta se me ocurrió proponerle que si gustaba podría acompañarla a la procuraduría a para que reportara lo sucedido pues si bien estuve como a ocho metros de lo sucedido, recordaba algunas señas del ladrón e incluso conocía el automóvil en que este huyo.
La señora de la forma más pesimista me contesto en tono fuerte que ¿Qué caso tenia ir a hacer eso? Si no Iban a agarrarlos, que luego uno queda mal cuando no los atrapan, que aparte también los metían a la cárcel por andar molestando allá y otra gran sarta de pendejadas tras las cuales comenzó a alabar a los que roban diciendo que es gente bien lista, que ya lleva tiempo haciendo lo que hacen por eso no los atrapan y siguió así hasta que me harté y me fui de ahí bastante desconcertado.
De principio no sabía qué era lo que más me molestaba pero era en si completamente toda la situación la que me tenia ardido de coraje: primero que nada la imposibilidad de ponerle una madriza al ladrón, que si bien a mi no me hizo nada, spiderman me enseño que no tengo que esperar a que me pase a mí para que se vuelva mi problema. Luego el hecho de que la señora se sintiera impotente ante la situación y se rindiera tan fácil pues era su desconfianza tan grande que ni mi mano quiso tomar para levantarse y ni hablar de que no sentía confianza en quienes hacen cumplir las leyes en nuestro estado.
La verdad que si m e saco de honda, me moleste mucho y me la pase enojado todo el día por lo cobardes que pueden ser las personas.
Mientras sucedía esto y en cuanto pude reaccionar a la situación me acerque lo más rápido posible con la señora que yacía espantada en el suelo, molesto por no haber estado lo suficientemente cerca como para ponerle una santa madriza de esas que te llevan al hospital con traumas severos, le extendí la mano a la señora por lo menos para que se levantara. Esta me negó el apoyo con una gesto de incomodidad (bien se que no soy muy confortable a la vista, pero esto…). Cuando la señora se levanto completamente por su cuenta se me ocurrió proponerle que si gustaba podría acompañarla a la procuraduría a para que reportara lo sucedido pues si bien estuve como a ocho metros de lo sucedido, recordaba algunas señas del ladrón e incluso conocía el automóvil en que este huyo.
La señora de la forma más pesimista me contesto en tono fuerte que ¿Qué caso tenia ir a hacer eso? Si no Iban a agarrarlos, que luego uno queda mal cuando no los atrapan, que aparte también los metían a la cárcel por andar molestando allá y otra gran sarta de pendejadas tras las cuales comenzó a alabar a los que roban diciendo que es gente bien lista, que ya lleva tiempo haciendo lo que hacen por eso no los atrapan y siguió así hasta que me harté y me fui de ahí bastante desconcertado.
De principio no sabía qué era lo que más me molestaba pero era en si completamente toda la situación la que me tenia ardido de coraje: primero que nada la imposibilidad de ponerle una madriza al ladrón, que si bien a mi no me hizo nada, spiderman me enseño que no tengo que esperar a que me pase a mí para que se vuelva mi problema. Luego el hecho de que la señora se sintiera impotente ante la situación y se rindiera tan fácil pues era su desconfianza tan grande que ni mi mano quiso tomar para levantarse y ni hablar de que no sentía confianza en quienes hacen cumplir las leyes en nuestro estado.
La verdad que si m e saco de honda, me moleste mucho y me la pase enojado todo el día por lo cobardes que pueden ser las personas.
martes, 26 de enero de 2010
La felicidad es… “buena”
Por ciertas y curiosas circunstancias, terminé esta tarde caminando por el centro, cosa interesante vi ahí.
Entre mi recorrido me topé con un recuerdo de mi infancia, aquel payaso del “McDonald´s”, ese mismo que siempre está sonriendo. El pobre está descarapelado, no se mueve del mismo lugar y le falta la nariz, pero aún así… ¿está feliz?
Me puse a pensar, en la mente humana. Estoy seguro, que si ese payaso estuviera enojado, las personas lo mal mirarían. Y he ahí, en ese momento, que una idea se engendró en mi pensamiento “verte feliz es bueno… todo lo demás NO”.
Sí, es curioso, igual que los pollos asados que venden por mi colonia, “Pollo feliz”, ¿acaso el pollo es feliz de que lo atraviesen con una varilla, luego de haber ultrajado su cadáver, haberlo ridiculizado ante muchos ojos, mientras lo que queda de éste fue decapitado y abierto en dos, para luego hacerlo pedazos?, ¿acaso es feliz de que tengan el descaro de decirlo, cuando fue humillado y torturado? Qué burla.
Me río una vez más. Prosigo con mi sendero, adentrándome un poco más en la vanagloriada ciudad, llena de personas y… turistas.
Sentado en una banca, disfrutando la fresca brisa marina, los observo, tomándose fotos, y arreciando mi idea… “¡ser feliz es bueno… lo demás, NO!”
Sí, ¿por qué cada vez que se toman una foto sonríen?, ¿acaso no pueden estar enojados?, ¿o tristes?, siempre al tomar una foto te dicen “sonríe”.
Y pues, ¿qué es una sonrisa?, supuestamente es la desembocadura de la felicidad, y ¿qué intentan al pedirte una sonrisa en las fotos? Te piden que uses una máscara de hipocresía obligada, aunque no seas feliz, en ese momento, debes verte como tal, de esa manera, creando un “recuerdo agradable” de aquel momento.
El sol amenaza con ocultarse, sus cálidos rayos se marchan con éste, y sólo veo a lo lejos, un pequeño barco dorado, bañado por tímidos rayos.
Me pregunto, los pasajeros en aquella tripulación… ¿están felices?, porque en la propaganda que me dieron… sonreían tratando de mostrar un sentimiento de satisfacción, por ende, ¡felicidad!
Pienso, si se hubieran visto tristes, enojados, en aquel panfleto, darían “mala” imagen a aquel perdido barco. En ese momento, se refuerza aún más mi idea, “la felicidad es buena, sólo la felicidad”
El sol ahora está a la mitad, y mi marcha se aproxima mientras más y más el mar se tora de oro. El barco a lo lejos se difumina, pero esta idea que ha surgido en mí, comienza a retumbar más fuerte.
Todas las emociones humanas, no diré que son buenas o malas, sencillamente son naturales, verdaderas, por lo tanto hermosas, es una lástima que bajo el contorno general, no lo sean.
Entre mi recorrido me topé con un recuerdo de mi infancia, aquel payaso del “McDonald´s”, ese mismo que siempre está sonriendo. El pobre está descarapelado, no se mueve del mismo lugar y le falta la nariz, pero aún así… ¿está feliz?
Me puse a pensar, en la mente humana. Estoy seguro, que si ese payaso estuviera enojado, las personas lo mal mirarían. Y he ahí, en ese momento, que una idea se engendró en mi pensamiento “verte feliz es bueno… todo lo demás NO”.
Sí, es curioso, igual que los pollos asados que venden por mi colonia, “Pollo feliz”, ¿acaso el pollo es feliz de que lo atraviesen con una varilla, luego de haber ultrajado su cadáver, haberlo ridiculizado ante muchos ojos, mientras lo que queda de éste fue decapitado y abierto en dos, para luego hacerlo pedazos?, ¿acaso es feliz de que tengan el descaro de decirlo, cuando fue humillado y torturado? Qué burla.
Me río una vez más. Prosigo con mi sendero, adentrándome un poco más en la vanagloriada ciudad, llena de personas y… turistas.
Sentado en una banca, disfrutando la fresca brisa marina, los observo, tomándose fotos, y arreciando mi idea… “¡ser feliz es bueno… lo demás, NO!”
Sí, ¿por qué cada vez que se toman una foto sonríen?, ¿acaso no pueden estar enojados?, ¿o tristes?, siempre al tomar una foto te dicen “sonríe”.
Y pues, ¿qué es una sonrisa?, supuestamente es la desembocadura de la felicidad, y ¿qué intentan al pedirte una sonrisa en las fotos? Te piden que uses una máscara de hipocresía obligada, aunque no seas feliz, en ese momento, debes verte como tal, de esa manera, creando un “recuerdo agradable” de aquel momento.
El sol amenaza con ocultarse, sus cálidos rayos se marchan con éste, y sólo veo a lo lejos, un pequeño barco dorado, bañado por tímidos rayos.
Me pregunto, los pasajeros en aquella tripulación… ¿están felices?, porque en la propaganda que me dieron… sonreían tratando de mostrar un sentimiento de satisfacción, por ende, ¡felicidad!
Pienso, si se hubieran visto tristes, enojados, en aquel panfleto, darían “mala” imagen a aquel perdido barco. En ese momento, se refuerza aún más mi idea, “la felicidad es buena, sólo la felicidad”
El sol ahora está a la mitad, y mi marcha se aproxima mientras más y más el mar se tora de oro. El barco a lo lejos se difumina, pero esta idea que ha surgido en mí, comienza a retumbar más fuerte.
Todas las emociones humanas, no diré que son buenas o malas, sencillamente son naturales, verdaderas, por lo tanto hermosas, es una lástima que bajo el contorno general, no lo sean.
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